La Novena de Beethoven II

Seguimos con el articulo sobre la Novena Sinfonía de Beethoven, para leer el primer articulo pinchar aqui.

Referencias a la oda de Schiller que constituye el Himno a la alegría, las encontramos en una época tan reciente como 1793. La palabra «Freude» (alegría) aparece suelta en multitud de manuscritos e incluso el principio de la oda podemos encontrarlo en los borradores para la séptima y la octava sinfonías. Asimismo podemos encontrar un diseño general de la obra completa en unos apuntes en los que puede leerse: «Finale, Freude, schöner Götter Funken Tochter Elisium. Sinfonía en 4 tiempos; el 2º a 2/4 como el primero.

escritura

El tercero puede ser a 6/8 y el cuarto será fugado». Pero las primeras alusiones definitivas al comienzo de la obra nos remiten a 1817, sin embargo, Beethoven en un principio no consideró que la Oda a la alegría estuviese incluida en la sinfonía. Había pensado realizar una obra independiente, una gran cantata ajena al esquema formal de la nueva sinfonía.

Tampoco debemos olvidar que obras como la Fantasía coral de 1808 constituyeron un paso importante hacía la configuración definitiva de la obra. El impulso decisivo al proyecto lo dio el encargo que por mediación de Ries, le hizo la Sociedad Filarmónica de Londres en abril de 1822. Conforme fue avanzando el trabajo, Beethoven decidió algunos cambios. El más importante fue incluir el Himno a la alegría en el esquema formal.

Finalmente, la incluyó, aunque con algunas modificaciones respecto a la idea original, en febrero de 1824. Los impedimentos que el compositor hubo de superar para que la obra fuese ejecutada públicamente no constituyeron precisamente un camino de rosas.

En principio, debería ser estrenada en la capital británica pero Beethoven, como era costumbre en él, hizo caso omiso de las cláusulas del contrato y se propuso estrenarla en otros lugares. Fue ofrecida a la Gessellschaft der Musikfreunde, junto a la Misa Solemnis, pero la respuesta que recibió fue negativa a la vista de las enormes dificultades que presentaban las partituras, así como su extraño lenguaje musical.

Poco después, el intendente de los Reales teatros de Prusia, el conde Brühl, aceptó embarcarse en el proyecto para ofrecerlo en Berlín. Beethoven se mostró feliz ante la afirmativa respuesta venida desde su patria, pero la reacción que produjo esta noticia en Viena fue fulminante.

Instrumentos musica

Un grupo de artistas, mecenas y miembros de la alta sociedad escribieron una especie de manifiesto en la que se le pedía que hiciese todos los esfuerzos posibles para que la sinfonía fuese estrenada en Viena. En uno de los fragmentos de la carta se escribe lo siguiente: «Sabemos que la corona de vuestras sinfonías se ha aumentado con un florón inmortal… ¡Apareced entre nosotros, mostraos en vuestra gloria y venid a alegrar a vuestros amigos, vuestros ardientes y respetuosos admiradores!… Os suplicamos evitéis esa vergüenza a nuestra capital, no permitiendo que las nuevas obras maestras salgan del lugar de su cuna antes de ser admiradas por los amantes de vuestro arte glorioso».

El manifiesto tuvo el efecto deseado. Beethoven, conmovido ante el interés de sus conciudadanos, resolvió presentar la obra en Viena. Antes hubo que hacer algunas concesiones. Como la censura prohibía ofrecer una misa en concierto, la Solemnis hubo de reducirse al Kyrie, al Credo y al Agnus Dei.